samputa

SAMPUTA

Entrevista exclusiva con Samuel Esteban

Director del largometraje SAMPUTA

Construcción de la narrativa del largometraje

SAMPUTA

Entrevista a Samuel Esteban 

Escritor,director y guionista del largometraje SAMPUTA

23 de febrero de 2026
Entrevista realizada por Joel Araníbar

¿Cómo llegó la idea de SAMPUTA?

En 2017 tuve un accidente. Cuando salí del hospital no tenía muy claro quién era ni en qué punto de mi vida estaba. Venía de pasar casi dos años consumiendo drogas y sentía un vacío tanto mental como físico. Para intentar entender lo que me estaba pasando empecé a escribir un diario.

A través de esa escritura fui descubriendo una percepción distinta de la realidad. En ese momento ya tenía formación actoral en Lima y estaba estudiando medios audiovisuales. Entonces pensé: ¿por qué no llevar todo eso a una narración?

Así surgió primero el libro. Todo lo que escribía lo imaginaba de forma muy visual, así que decidí aprovechar mis conocimientos audiovisuales y comencé a construir un teaser, la propuesta era explícita sin serlo completamente, abordando un tema que sigue siendo tabú. A partir de eso empezó a generarse un debate en relación al chemsex.

El proyecto empezó como un cortometraje, pero cuando comenzamos a trabajar en él nos dimos cuenta de que tenía el potencial y la dimensión de un largometraje. Requería locaciones, más días de rodaje, ensayos, presupuesto, logística… y también enfrentamos muchas dificultades en producción.

¿Quiénes fueron tu soporte para impulsar el largometraje? ¿Qué desafíos y experiencias recuerdas durante el proceso?

Hubo personas fundamentales. Mi tío Xavier, mi ex pareja, Juan Cruz (ex productor del proyecto), Vladimir (montajista)y Ariadna, (colega peruana). Fueron personas que me sostuvieron emocionalmente.

Varias veces intenté abandonar el proyecto porque me invadían sentimientos derrotistas. Fue algo muy similar a lo que viví cuando consumía en 2014. Pensaba que, ya pasando los treinta años, si volvía a ese lugar emocional terminaría repitiendo las mismas situaciones.

Gracias al apoyo de esas personas logré salir también de un momento de depresión.

¿Hubo limitaciones en el proceso del largometraje por tratar el tema del chemsex?

Sí, muchas. Algunas personas fueron reacias desde el inicio. El proyecto era explícito sin serlo de manera directa, pero el tema generaba incomodidad.

El propio nombre del proyecto llamaba mucho la atención y el contenido generaba rechazo en ciertos sectores. Sin embargo, quienes decidieron quedarse entendieron la seriedad del tema.

También tuvimos problemas al buscar locaciones. En algunos lugares directamente nos cerraron las puertas. Paradójicamente, en ciertos espacios donde el consumo de drogas era tolerado o normalizado no querían que el largometraje se grabara allí.

Cuando hablamos de chemsex no estamos frente a una realidad blanca o negra: existen muchos grises.

¿Con qué perspectiva ves hoy la situación del chemsex en SamPuta, en relación con el contexto actual de Latinoamérica?

Creo que intenté ser lo suficientemente honesto y crudo. Aunque incomode, esa es parte de la realidad. Es algo que ocurre todos los días y que muchas veces vemos sin hacer nada.

La película permite mirarnos y también autocriticarnos. Después de algunas proyecciones, varias personas se acercaron a decirme: “Yo he pasado por eso”.

Cuando vivía en Lima, por ejemplo, a los 21 años ya se hacían bromas sobre el tema. Eso demuestra que está más presente de lo que creemos.

estamos en la misma cadena quienes consumen y quienes no.

¿En algún momento pensaste en cambiar la dirección del proyecto debido al contexto político actual, donde el conservadurismo parece estar creciendo?

Cuando escribí el libro, mi madre leyó el primer capítulo. Después de eso decidió no continuar. Ella viene de un entorno conservador y religioso.

También hubo personas que no quisieron participar en el proyecto porque les parecía excesivo.

Pero si uno se deja llevar por los comentarios, nunca llega a hacer nada. Alguien tiene que empezar a hablar de estos temas. La gente está cansada de escuchar solamente el “no” o la prohibición.

El problema tiene mucho que ver con las perspectivas sobre lo que consideramos bueno o malo, o sobre los excesos. Por ejemplo, consumir azúcar en exceso puede ser más dañino que otras sustancias, pero socialmente lo aceptamos.

Eso me hizo pensar mucho en qué tan individualistas somos como sociedad.

Mi expareja falleció sola. Su familia eliminó todo el contenido relacionado con su vida por vergüenza o por miedo al rechazo social. Hay mucha gente muriendo en silencio.

Impacto de SamPuta en la comunidad LGBTQI+

En Lima el proyecto generó bastante movimiento porque es un tema del que casi no se habla abiertamente.

En países como Argentina existen más proyectos que abordan temas controversiales dentro de la comunidad. SamPuta se suma a esa conversación.

Actualmente también realizo acompañamiento a personas que practican chemsex, lo cual implica una gran responsabilidad.

Después de algunas proyecciones organizamos conversaciones y debates junto a organizaciones como Impulse Buenos Aires. La idea es que el diálogo continúe.

Estoy convencido de que el incremento de casos de VIH y sífilis está relacionado, en parte, con el consumo de sustancias en estos contextos.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Actualmente estamos trabajando en el desarrollo de una comedia romántica.

También queremos llevar SamPuta a festivales internacionales, ya que creemos que puede abrir debates importantes en otros países. Además, el libro todavía tiene mucho que contar y plantea temas que podrían desarrollarse en futuros proyectos.

Mientras tenga fuerzas, seguiré impulsando espacios de conversación sobre el chemsex, especialmente en lugares donde normalmente este tema no se aborda.

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